domingo, 22 de enero de 2017

Tú y yo, ¿hasta el fin del mundo?

La habitación era pequeña, pero estaba muy bien distribuida, transmitía tranquilidad. Cama de matrimonio, una barra de metal con varias perchas, baño pequeñito y una mesa de madera antigua con su respectiva silla. El suelo estaba enmoquetado, por lo que podías pasear con los pies descalzos sin correr el riesgo de enfriarte. Encima de la mesa había una cafetera humeante a causa de la bebida caliente. Y sobre la cama, estaba ella. En cuanto vio que salía del baño con la toalla de la ducha enroscada a la cintura, una sonrisa boba le brotó en los labios. Pensó que era la persona más afortunada del mundo por tener un novio tan increíble; ya era hora de cambiar algunas cosas de sí misma, ella le quería, tenía que demostrárselo más. Aquella noche, le abrazó fuerte mientas dormían. Fuera, comenzó a nevar. Ninguno se dio cuenta, pero cuando caían los primeros copos, se dieron la espalda.

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