martes, 20 de septiembre de 2016

Saturación

Ya estaba cansada de escuchar esa voz. Solo le criticaba, solo ponía pegas, solo veía lo malo. Esa voz jamás era empática, nunca veía más allá de sus propios labios, nunca decía las cosas buenas. Había que armarse de paciencia y soportar los gritos, había que soportar la etiqueta que te había colgado del cuello y encima, llevarla con una sonrisa. Ya estaba cansada de no ser dueña de su vida y de perder el tiempo con cosas que no lo merecían. Ya estaba cansada de ser juzgada sin motivos. No merecía más la pena, y entonces, simplemente, se fue. No físicamente. La voz seguía sonando, pero ella dejo de escucharla, y aquella voz, sin darse cuenta, se quedo un poco más sola. Se alejó poco a poco emocionalmente hasta que llegó un día, en el que la voz, y la persona a la que pertenecía esta, no significaron nada. Ella ganó, ganó vida, y perdió simplemente un término equivoco de "amistad". 

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