miércoles, 31 de agosto de 2016

Frío

¿Seré yo que he olvidado como querer? Ese amor romántico, de las películas, del que ahora tanto me quejo... pero que antes movía mi vida. La pasión con la que hacer las cosas, llevar el día a día. Hasta en los momentos más oscuros, había magia. Las ganas de ser alguien, de salir, de aspirar siempre a algo mejor. Tengo la sensación de que voy cuesta abajo, y dentro de mi, pienso que quizá pueda culpar al amor, a ese motor amor que siempre ha dirigido cada paso. Un motor en ruinas, insalvable. Apagado o fuera de cobertura. Qué triste.
Yo solía soñar con cuentos de príncipes y princesas, que nadie se confunda, de los modernos. Pero con un amor tan puro como el de las novelas más clásicas. Las ganas de sentir, de compartir mi vida, de hacer planes, de crecer junto a alguien, de besar, pero besar de verdad, besar para expresar... no como ahora, besos vacíos.
Que amarga es la nostalgia, que dañino es recordar, que ruinas quedan por dentro. Supongo que todos tenemos días en los que extrañamos, no a alguien, no algo, sino una sensación, un sentimiento, un olor, el escalofrío que recorre nuestra espalda cuando nos besan la nuca, o la tranquilidad que experimentamos con una caricia. Todos tenemos días en los que deseamos ser esa persona que eramos en aquella foto, tener esa sonrisa sincera, esa ilusión en los ojos; las ganas de recorrer el mundo o no hacer nada, sintiéndonos especiales y únicos. Hacer el amor y que nos hagan el amor, compartir intimidad, confiar, gustar a pesar de no estar las 24 horas del día intentando ser perfectos. Abrirnos de la forma más bestia delante de otra persona, y que simplemente nos escuche, no nos juzgue. Dejar que nos envuelvan en un abrazo, cómodo, de los que te hacen desear quedarte allí a vivir. Y abrazar con ganas, cerrando con fuerza los ojos.
Ya ni me acuerdo de que es todo esto... Quizá a mi, solo me quede resignación. Quizá algún día, consiga recordar. Quizá alguien, quizá.

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