No me duele saber que besas otros labios, no me duele acordarme de todo lo que decíamos. Me duele acordarme de aquella noche que bajaste a casa, teníamos que hablar, las cosas no iban bien. Te abrí la puerta y nos miramos. En menos de dos segundos estábamos abrazados, besándonos con necesidad. Se nos olvido por qué nos habíamos enfadado. No nos hacía falta más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario