He tenido la sensación de que se iba, se alejaba, salía de
mi vida más veces de las que me gustaría. Cada vez que camina lejos de mí, que
decide salir de todos mis sueños, de todo aquello que imagino cientos de veces
al día, de todo un futuro construido dentro de mi cabeza; siento que me rompo
por dentro, que cada parte de mi piel llora, que mis piernas no responden, ni
mis labios, ni mi corazón. Un vacío que te aprisiona, que te atrapa y te impide
ver el sol, las estrellas, cada cosa bonita de la vida. Es como si con su
sonrisa se llevase la capacidad de ser feliz, de ver el mundo con ese color
rosa que debería tener siempre. Se incrementan los problemas, y notas como cada
detalle sin importancia se clava. Simplemente te dejas caer, te dejas seguir
cayendo, porque no encuentras motivos para seguir. Hay gente que se ríe del
amor, que dice que no entiende porque te empeñas en algo así. Te dicen una y
otra vez que no es para tanto, que una sola persona, no puede causar tanto
daño, que todo sigue, que no dependes de ello. Pero para mí, si alguien ha
amado de verdad, me entenderá, y sabrá que todo esto no son tonterías. En esos
momentos, imaginas continuamente que sus brazos te rodean intentando juntar
todas las partes rotas que hay en ti, pero entonces abres los ojos y te das
cuenta de que siguen siendo solo eso, imaginaciones. Intentar centrar la
cabeza, olvidar, continuar. Es la cosa más difícil, imposible, que he intentado
nunca. Miro mi vida y no encuentro otra forma de vida que estar junto a ti. Por
eso quiero que estos sentimientos, esta tristeza, se quede aquí, en forma de
palabras, se quede en recuerdos que olvidar. Quiero aprovechar y ser feliz cada
día, hora, minuto. Y lo quiero hacer de su mano.
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