Parece que llega el verano, y que comienza una nueva etapa. Poco a poco y sin darte mucha cuenta en el mismo momento, todo ha cambiado. Algunas cosas más que otras, lo importante permanece ahí, contigo, pero los pequeños detalles son completamente nuevos. Y todo esto ocurre así, de repente, como esa brisa de aire que se va levantando hasta que al final te golpea en la cara, haciendo que te des cuenta de que tienes frío. Un día, cuando tu cabeza ya le da vueltas a algo que no tiene mucho sentido, llegas a casa y sin querer, una de tus pulseras se rompe. No se rompe una cualquiera, sino una de las dos que llevas desde hace unos tres años... Se rompe y ves que ya estas cambiando, que esa pulsera que ha vivido día tras día todo lo que te ha importado, todo lo que te ha hecho reír, llorar, las cosas por las que has luchado, esta dejando de tener sentido. La guardas, pensando con nostalgia en cada semana que dejas atrás, y en como eras tú.
Puede, que no te guste el cambio, que te de rabia, que te sientas mal. Nunca es de buen gusto ver como las cosas que tanto han significado para ti, ahora no son nada, o como las promesas que hacías de más pequeña no llegan a cumplirse. No te vas a poder sentir bien al saber que estas fallando a las personas que te importan, que desaprovechas momentos especiales, que pierdes un tiempo único. Cuando te haces esa típica pregunta y la respuesta es que no, que la niña que eras jamás estaría orgullosa de la mayoría de tus comportamientos.. cuesta más levantarse por las mañanas y no agachar la cabeza.
Sentirse completamente bien con uno mismo es prácticamente imposible, pero nos tenemos que esforzar en hacerlo lo mejor posible. Una etapa acaba, esta claro, y es algo inevitable, pero supongo que siempre podemos dirigir nuestro próximo camino.. Aunque unas veces nos cueste más que otras, y debamos parar a descansar, aunque el recorrido sea largo, necesito, hacer las cosas bien esta vez. Igual sola no puedo, pero procuraré apoyarme en quien me ofrece su mano, contar hasta diez o hasta mil si hace falta antes de actuar, no causar daño a quien quiero, disfrutar de verdad de las cosas, de la vida. Mirar hacia delante e imaginar un paseo, costoso, pero que merezca la pena. No quedarme sentada en el fondo intentando ver algún rayo de sol, sino subir a buscarlo, y conseguir que me deslumbre. Que cada cambio no sea un peso atado a tu espalda, sino un soplo de aire fresco, un motivo para coger impulso.
Las etapas de cambio siempre son difíciles, pero están bien siempre que sepamos pararnos antes de afrontarlas, y como tú dices tomar aire, respirar.
ResponderEliminarMe gusto mucho tu texto. Pasate cuando quieras por mi blog =) Un saludo.