Me gusta bailar delante del espejo, cuando nadie mira,
escuchar música y vivir, da igual el género que sea.
Me gusta estar sola, mirar
por la ventana y dejar que me vengan a la cabeza recuerdos aleatorios.
Me gusta
la sensación de tener los pies fríos dentro de la cama y la del calor en la espalda,
notar como la piel respira cuando disfrutamos al sol, y pasear sin tener que
hablar con nadie.
Me gusta ser esa persona que soy cuando tengo la libertad de
serlo, sin condiciones, sin obedecer a los valores que nos han metido en la
cabeza. Esa persona que soy cuando se me olvida lo que he ido aprendiendo a raíz
de lo que he tenido que vivir, esa persona que soy cuando no me acuerdo del
dolor de las cosas, cuando por unos instantes, no tengo memoria y puedo sonreír,
así, sin más, sin cargas.
Me gustan los momentos previos a volver a sentir la presión
del día a día, cuando recuerdo mis sueños, mis expectativas y todo lo que creo
en mí. Esos momentos en los que soy feliz, del todo, esos momentos que duran 10
segundos, pero que te hacen abrir los ojos.
Debería bailar más delante del espejo.
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